01/12/2026
Los trastornos del sueño ocurren en hasta el 70 % de los niños con TDAH y pueden impactar negativamente en sus vidas al exacerbar sus síntomas de TDAH y comprometer su funcionamiento diario y calidad de vida. A pesar de esta conexión bien establecida entre el mal sueño y el TDAH, la identificación y el tratamiento de los problemas del sueño suelen pasarse por alto en el tratamiento del TDAH.
Un estudio reciente publicado en el Journal of Pediatric Nursing sugiere que una intervención de duración limitada para mejorar el sueño en niños con TDAH y problemas de sueño concurrentes puede generar beneficios importantes [Nouh et al (2026). Beyond bedtime: Improving sleep and behavioral functioning in children with ADHD. Journal of Pediatric Nursing, 86, 477-485].
El estudio se llevó a cabo en Egipto con las madres de 100 niños de entre 6 y 12 años con un diagnóstico confirmado de TDAH y dificultades de sueño concurrentes. Las madres de los niños fueron asignadas aleatoriamente para asistir a un programa educativo de higiene del sueño de dos sesiones o al tratamiento habitual; casi el 90 % de los participantes ya estaban recibiendo tratamiento farmacológico para el TDAH.
Intervención de higiene del sueño
Las madres del grupo de tratamiento asistieron a 2 sesiones grupales de 45 minutos en las que se introdujeron diversos conceptos y estrategias para mejorar el sueño de sus hijos.
- La primera sesión se centró en los aspectos ambientales que favorecen el buen sueño, incluyendo el mantenimiento de un entorno tranquilo, fresco, silencioso y oscuro. Se enfatizó la importancia de minimizar la estimulación externa; por ejemplo, apagar televisores y teléfonos, y retirar los relojes del área de descanso para evitar que los niños se concentren en el tiempo mientras intentan conciliar el sueño.
- La segunda sesión se centró en estrategias para manejar los factores conductuales que afectan al sueño. Estos incluyeron el establecimiento de un horario constante para dormir y despertarse, la adhesión a una rutina a la hora de acostarse —como ducharse y cepillarse los dientes— y evitar comidas pesadas, azúcar y bebidas con cafeína al menos dos horas antes de dormir.
Se instruyó a los cuidadores para que los niños aprendieran a usar su cama exclusivamente para dormir y no para otras actividades como jugar, comer o estudiar. También se introdujo la importancia de evitar las siestas diurnas y realizar actividad física durante el día.
Al concluir la sesión, se animó a los cuidadores a hacer preguntas y discutir sus inquietudes. Cada participante recibió un folleto que resumía las prácticas de higiene del sueño y se estableció un calendario de llamadas telefónicas de seguimiento semanales para brindar mayor orientación y apoyo.
Medidas
- Los problemas del sueño se midieron mediante el Cuestionario de Hábitos de Sueño de los Niños (CSHQ), una medida reportada por los padres para evaluar las dificultades del niño para iniciar y mantener el sueño. Incluye 35 ítems en 8 subescalas: resistencia a acostarse, retraso en el inicio del sueño, duración del sueño, ansiedad ante el sueño, despertares nocturnos, parasomnias, trastornos respiratorios del sueño y somnolencia diurna excesiva.
- El funcionamiento conductual se evaluó a través del Cuestionario de Capacidades y Dificultades (SDQ), una medida de 25 ítems que cubre 5 áreas diferentes: Síntomas Emocionales, Problemas de Conducta, Hiperactividad, Problemas con Compañeros y Conducta Prosocial.
Los cuidadores completaron estas medidas antes de que comenzara la intervención y 3 meses después de que terminara, permitiendo a los investigadores determinar si la intervención produjo mejoras calificadas por los padres.
Resultados
Tras la intervención, las madres del grupo experimental informaron de reducciones significativas en la resistencia de sus hijos a la hora de acostarse. Otras mejoras significativas incluyeron:
- Conciliar el sueño en menos de 20 minutos.
- Dormir durante más tiempo.
- Reducción de la ansiedad ante el sueño, despertares nocturnos, parasomnias y somnolencia diurna.
Para casi todos los resultados, la magnitud de las mejoras en comparación con el grupo de tratamiento habitual se consideró grande. No se informaron mejoras comparables en el grupo de control.
En cuanto a los resultados conductuales, los padres del grupo experimental informaron de un aumento significativo en las “Capacidades” (Fortalezas) y una disminución significativa en las “Dificultades”. Estos cambios reflejan un efecto de intervención clínico significativo.
Resumen e implicaciones
Los resultados sugieren que una intervención educativa de tiempo limitado enfocada en ayudar a los padres a mejorar el sueño de sus hijos puede rendir beneficios significativos tanto en el sueño como en el comportamiento. El hecho de que se obtuvieran efectos tan robustos con una intervención tan breve es alentador.
Los autores señalan algunas limitaciones:
- Generalización: El estudio se realizó en Egipto y no se puede asumir que los hallazgos se apliquen a otras culturas.
- Seguimiento: Los datos se recogieron a los 3 meses; se desconoce la duración de los beneficios más allá de este punto.
- Sesgo de reporte: Todos los datos fueron proporcionados por las madres, quienes sabían que estaban recibiendo la intervención, lo que pudo influir en sus valoraciones debido a las expectativas de mejora.
Una mejora sustancial para futuros estudios sería recopilar datos de los profesores, quienes, al no saber qué niños recibieron la intervención, proporcionarían una visión más objetiva.
En conclusión, este estudio destaca que identificar y tratar los problemas del sueño puede ser un componente vital del tratamiento integral para niños con TDAH. Esto es algo que el tratamiento farmacológico o la terapia conductual típica no siempre abordan, sirviendo como un recordatorio importante para padres, educadores y profesionales.
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